Fede Me Cago en la Concha

El viernes después de la radio, pasa a buscarme FMCELC. Me abre la puerta como un verdadero caballero y pienso, erroneamente, que será igual de gentleman en la cama.

No, no.

Vamos directo a su casa, de acuerdo a lo convenido telefónicamente. Fede Me Cago en la Concha tiene un lindo bulo. Me trae un vaso de algo con sabor a melón y hablamos durante dos minutos y un cuarto, momento en el cual se abalanza sobre mis tetas como si no hubiera un mañana.

Me besa, me chupa las tetas; todo al mismo tiempo, casi. Pela la pija y se la chupo hasta que anuncia que nos trasladaremos a la cama. Allí me cuela un poco los dedos, mientras lo sigo peteando. Eventualmente, se pone un Prime lubricado y me invita a danzar sobre su tronco standard.

FMCELC está abajo mío y es como cogerse a un muñeco bronceado. El famoso "muertito" que a todos nos toca en algún momento de nuestras vidas.

Harta de cabalgarme al occiso, lo invito a cambiar de posición. FMCELC me agarra en cuatro y más tarde me comentaría que mi concha tiene poco recorrido, que se topa con el final de la misma antes de lo que sería deseable.

Miro el instrumento de FMCELC y pienso que mi poronga de goma es más grande y me entra hasta el fondo, así que nada.

En el entretiempo nos quedamos desnudos, sin tocarnos, hablando de trivialidades varias. Me pregunto si no tendrá un teletransportador en el sótano, que en un segundo me lleve a mi andamio junto a mi oso rosa. Pero lo considero improbable.

Digo algo acerca de irme, pero él responde que me va a coger una vez más.
Sé que hay escasas posibilidades de que esta vez FMCELC recapacite y me chupe la concha; pero resulta que esta vez, no sólo continuamos en un eterno 68, sino que esta vez ni siquiera me cuela los dedos. Fede Me Cago en la Concha cree que yo me caliento, no sé, del aire, por obra y gracia del Espíritu Santo, go one to know.

Repetimos la sesión de garche al occiso, yo me pongo a pensar en el partido de Boca y en la fecha de vencimiento de la luz cuando, inusitadamente, FMCELC resucita. Viene encima mío y comienza a darme cual conejo de Duracell, con la desesperación de quien no la coloca desde Navidad.

Eventualmente, se le empieza a bajar la pija y se la chupo para que reviva. Me doy cuenta que el muy cretino piensa que me va a acabar en la boca después de no haberle siquiera hablado a Pocha. Yeah, right. Cuando acaba, le escupo sonoramente su propia leche sobre su panza.

Ojalá reencarne en una mina y coja eternamente con tipos como él.